Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé! Cesar Vallejo
Es verano, en Lima el cielo está nubloso como todos los veranos y nadie presagia desgracias, salvo los gallinazos del malecón de Miraflores y los que habitan en los cerros de la Victoria entre vírgenes, cruces y cementerios; Estas aves, para algunos de mal agüero, de vez en cuando alzan su pequeño vuelo para mirar de reojo a la ciudad, sin embargo, todo está en calma, salvo palacio de gobierno, donde un hombre de costumbres extrañas, que usaba sombrero incluso de noche para dormir, ha tenido pesadillas y está nervioso.
Es siete de noviembre del año del señor. El primer mandatario del Perú ha tenido algunas pesadillas por las acusaciones de corrupción de la Fiscal de la Nación y se despertó temprano, se acomodó el sombrero, respiró hondo, se vistió de terno azul y se puso la banda presidencial y luego de todos los arreglos previos con su equipo de gobierno los medios de prensa de la presidencia del Consejo de Ministros, decidió leer con la convicción de sus manos temblorosas su último discurso presidencial. No era para menos, era su último discurso y creía poder apagar las luces del país en pleno medio día. El presidente Castillo, fue el último en salir de palacio, pensaba ir al norte, cuando terminó yendo a la cárcel…, hasta los gallinazos de Lima se sorprendieron con este final.
Las siguientes horas no dejaron de ser sorprendentes. La primera sorpresa fue un vestido de color amarillo juramentaba al primer cargo público del país, era la nueva presidente, toda premurosa y con mucho orgullo levantaba el brazo juraba por Dios y los sagrados sacramentos…, el ser la primera presidente del Perú.
Los gallinazos acostumbrados a colores más sobrios, creían que era un gorrión de pecho amarillo quien había juramentado. Se equivocaron, en tan solo unas semanas el país era casi un infierno, la violencia cunde en algunos grupos del interior del país. Los violentos aprovechan los desasosiegos de dos siglos de república y llaman a la violencia y algunos distraídos la asumen como suyos; no saben que es una estafa, no saben que por enésima vez los volverán a engañar.
Los gallinazos acostumbrados a estas lides republicanas, están sorprendidos, no solo por la violencia de algunos azuzadores y por la pasividad de la policía. Nunca como ahora, la policía fue tan débil, los han castrado para resistir, controlarse y sucumbir en nombre de la democracia. Es decir, se protegen los derechos humanos de los violentos a costa de los derechos humanos de los policías.
¿Cuál es juego? Para el gobierno de turno y la prensa, la vida de los policías vale menos que la vida de los violentos, hecho que incentiva la impunidad y genera más violencia, lo cual es una muestra del fracaso de la política al interior de la policía y en su relacionamiento con los conflictos sociales. Un equilibrio roto a favor de unos pocos violentos que ganan las noticias del odio en contra del orden. Al respecto, los políticos de turno y la defensoría del pueblo, deberían preguntarse: ¿Los policías, tienen derechos humanos y cómo se plasma está política cuando se entra en conflicto con los violentos…?
La toma de Lima, no solo es un discurso político de los violentistas, es el fracaso de dos siglos de república, donde el centralismo, la corrupción de las altas autoridades y desidia por incluir al interior del país dentro de la república criolla han acumulado frustraciones y multiplicado desigualdades que están movilizando los instintos más primarios de las personas y lamentablemente, no es una respuesta racional a los problemas de la pobreza y del sub desarrollo, sino, una respuesta instintiva al hartazgo y a la mala vida de una gran mayoría de pobladores, que de pronto, se descubrieron ciudadanos de tercera clase; ignorados y maltratados en su propia tierra; que además de ser pobres de verdad, son discriminados e invisibilizados por los gobiernos de turno que ellos mismo eligen.
Estas marchas y protestas, no son una respuesta racional y política de las mayorías contra el gobierno de turno, son marchas manipuladas desde la oscuridad de la violencia; no tienen dirección política visible y es una afrenta a la inteligencia y a la buena fe de las personas que creyendo que se resolverán algo de sus problemas se han lanzado a las carreteras en un viaje inútil, poniendo en riesgo su integridad física y mental que no tendrá efectos políticos en la realidad, como por ejemplo, la liberación de Castillo o el cierre del Congreso de la República o la asamblea constituyente; sin embargo, detrás de estas marchas masivas, están en el anonimato, quienes ostentan el arte de la manipulación y la falsa información. Observan desde el anonimato la tragedia del país, se relamen una y otra vez la sangre ajena derramada, esperando otra oportunidad para el fracaso social, porque su objetivo, no es resolver los problemas de los pobres y marginados, ni protestar contra la nueva presidente Boluarte, su objetivo es generar caos, desasosiego, angustia y terror. El incendio de la casona de Lima y la violencia con que actuaron y atacaron a las fuerzas del orden son una muestra que los dibuja de cuerpo entero.
En este contexto, el quehacer de la política debe ser: poner todas las capacidades del Estado al servicio del país y actuar según lo establecido en las leyes de la república; respectar la constitucionalidad del régimen y fortalecer el rol de la policía y de las fiscalías correspondientes para garantizar una adecuada e independiente investigación de los hechos luctuosos del medio centenar de fallecidos.
Sin justicia y sin un mínimo de orden social para que la información respecto de los acontecido en los actos de violencia social fluya el gobierno de la Sra. Boluarte debería hacer mayores esfuerzos para convocar a las fuerzas políticas regionales a fin de lograr una salida constitucional que garantice adecuadas elecciones generales según el programa propuesto por el JNE.
Finalmente, es fundamental resolver los problemas políticos y además trabajar para el cierre de brechas en salud, educación, saneamiento, vías de comunicación y otros que son parte de las razones que explican el abandono y subdesarrollo del país.
Lima, 22 de enero de 2023
Elmer A. Monteblanco Matos